Ékfrasis; escisión entre la poesía y la pintura

“La pintura es poesía muda;
la poesía pintura ciega.”
(Leonardo Da Vinci)

Tras la sencilla definición de ékfrasis, descripción verbal de una obra visual, se esconde todo un complejo sistema de interrelaciones entre distintas artes. La ékfrasis puede darse tanto en prosa como en verso, pues puede ser un poema, o ser el pasaje de una novela o cuento, o ser utilizada explícitamente para un ensayo de crítica de arte. Dado el carácter del lugar de su utilización no es necesaria que la obra a la que se hace referencia, mediante la ékfrasis, exista en el mundo real. Podemos ver como en la crítica de arte, sí es necesario que ésta se refiera a una obra existente la cual se quiere tratar, pues ésta sólo tiene sentido en la medida en que se basa en el análisis formal de un objeto real. Sin embargo, la literatura a lo largo de la historia ha sido una fecunda fuente para la descripción de obras de arte, tanto reales como imaginarias, tanto escultóricas como pictóricas. La ékfrasis literaria se basa en una idea preconcebida de la obra de arte, de la imagen que se tiene del artista o de los lugares comunes de la obra. En este sentido, la mirada del artista que realiza la ékfrasis cobra un doble sentido, el de creador y el de intérprete, pues “el objeto plástico se convierte en tantos textos como miradas se fijen en él. Y es que, en el acto mismo de describir, el poeta o novelista selecciona, reorganiza, jerarquiza; resignifica”1.

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Principios (I)

Galaxia M88

Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra.

Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo. 

Pero, cada una de esas estrellas es un sol, a menudo mucho más brillante y magnífico que la pequeña y cercana a la que denominamos el Sol. Y muchos -quizá la mayoría- de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos. Así, casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembro de las especies humanas, desde el primer hombre-mono, su propio mundo particular: cielo… o infierno. 

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El nacimiento de “lo fantástico” y la exploración subjetiva

dia de la poesia escritor libro (2)

La literatura fantástica, como tal, no nace hasta mediados del siglo XVIII, debemos tener en cuenta que esta literatura surge como contraposición a la literatura realista, además de la incansable búsqueda de un objetivismo totalizador por parte de la ciencia. No podríamos hablar de literatura fantástica si no existiera como precedente la literatura realista. Por ello, no es de extrañar que Maupassant, uno de los mayores representantes de la literatura fantástica, tuviera como gran mentor a Flaubert, un extraordinario representante del realismo literario. En los comienzos del siglo XIX encontramos un auge de la literatura realista y, como consecuencia el desarrollo de nuevos géneros, como el relato maravilloso o el relato fantástico. La mayoría de los expertos advierten que un aspecto indispensable para la literatura fantástica es su carácter sobrenatural e inexplicable. De hecho, en uno de los cuentos de Maupassant,  La mano, el protagonista utiliza como sinónimos, fantástico, sobrenatural e inexplicable, para adjetivar la historia. Sin embargo, no debemos utilizar este aspecto como totalizador de toda literatura fantástica, pues es un rasgo presente en diversa heterogeneidad de géneros. Como bien señala Alberto Manguel:

Las historias de fantasmas han existido siempre, los lectores escépticos no”.

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Nuevo día

amanecer

Un nuevo día

Llega la noche,
camino ausente por calles abarrotadas.
El resto del mundo se funde en el entorno,
su fugaz existencia,
en mi conciencia,
no será ni un efímero recuerdo.
Camino sin rumbo en compañía de la soledad,
a mi alrededor,
las tinieblas se hacen eco de su oscuridad.
La negrura de la noche
se asemeja a mi alma atormentada,
a mi espíritu cansado y
a mi cuerpo abatido por la experiencia.
La esencia de una existencia vacía
se torna fantasma de mis días.
Un día más,
un día temeroso,
un sueño no alcanzado,
un anhelo fustigado.
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Poesía y locura: De Baudelaire a Foucault

Van-Gogh-tétrico

Baudelaire es considerado uno de los mejores poetas del siglo XIX, por su originalidad y perfección en la forma, es un poeta de la modernidad. Representa la figura del poeta moderno e innovador. En su obra vemos representadas las características que elogiaba Foucault acerca de la literatura y la poesía. Con Baudelaire la poesía empieza a liberarse de las ataduras tradicionales y despliega nuevos conceptos de creación poética, iniciando una manera diferente de ver la realidad.

Baudelaire y su originalidad le hacen situarse fuera de los límites, al margen de las escuelas literarias y de los cánones literarios y sociales de la época, su obra es una muestra del abandono de las formas poéticas que hasta entonces predominaban. Baudelaire inaugura nuevas y revolucionarias tendencias en la poética, dotando su obra de un verdadero sentido poético, que incluye el misterio de conflictos íntimos, una insólita angustia y una búsqueda de la explicación de fenómenos humanos que convergen en una expresión poética cargada de significación y repleta de sugerencias.

Muchos textos del poeta, muestran la originalidad de una nueva creación, la angustia y la tragedia íntima, el singular acercamiento a la vida, una concepción individual de un mundo propio. Baudelaire propone la desaparición del yo del poema, la sustitución de la presencia personal del autor dejando a un lado al poeta y centrándose en la poesía misma. Esta última frase del poema las ventanas (número treinta y cinco, contenido en su obra Pequeños Poemas en Prosa): ¿Qué importa lo que pueda ser la realidad que se encuentra fuera de mí, si me ha ayudado a vivir, a sentir que soy y lo que soy? marca esta idea, en la cual el poeta destruye el mundo creando uno verdaderamente suyo.

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El leñador tenaz

Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel.

El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque. El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar. En un solo día cortó dieciocho árboles. «Te felicito» le dijo el capataz. «Sigue así».

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