Regreso al origen

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Hoy nadie puede apagar la duda
que arde dentro de todos los insectos
que se adentran, uno a uno, enfurecidos
devorando las entrañas de la bestia.

Hoy nadie puede escuchar el murmullo
que olvida la última palabra brotada
del tallo ancestral que baña las arenas
del reloj que tirita al borde del mundo.

Hoy nadie verá otro ángel buscando sus alas
en un contenedor de rostros empañados donde
dos desahuciados combaten el frío con la muerte
legando a la nada sus reinos de cartón.

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El llanto

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Cada lágrima enseña
a los mortales una verdad.
Platón

El llanto no limpiará las heridas,
ni la carcoma acartonada anidada en nuestro cuerpo.

El llanto no cubrirá más los surcos de nuestra desnudez inmemorial,
de nuestra incapacidad de amar el vacío.

El llanto no curará la dualidad originaria de la naturaleza de la nada
que reduce lo infinito a finito —lo metafísico a fenoménico—
en la perpetua tensión que deja abierta la grieta de la existencia.
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El hombre que creía ser humo

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Entre el ser y el no ser la oscuridad contonea
su figura en un universo sin gravedad.
Una nebulosa de luz, blanco sobre negro,
dibuja con sus dedos el código de su creación.

Él creía ser humo. Él sabía que lo era.
No humo sabiéndose ser humano,
sino ser humano sabiéndose humo.

La combustión de sus nervios recorre sus falanges
dejando en suspensión diminutas partículas,
de sus clavículas brotan alas invisibles, opacas cenizas
olvidan el rostro incandescente del ser que les dio la vida
precipitándose al vacío como bombas incendiarias.
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Eyacular la vida

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Una ciudad cualquiera. Una noche lluviosa cualquiera. El crepitar furibundo de la lluvia golpea incesantemente la ventana de la habitación. En ella, ajenos a la ciudad, a la noche, a la lluvia y a su destino, dos jóvenes amantes…

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Baile de máscaras [The Losers]

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Artículo perteneciente al número 3 de la revista cultural Oveja Negra: Pulsar aquí para ver la revista completa

¡Queridas ovejillas de este redil llamado España! Una vez más nos ponemos manos a la obra para abordar nuestro fatigoso camino por el conocimiento y arrojar algo de luz sobre las sombras que cubren nuestro pasado. Sí, otra vez, vamos a hablar de filosofía, esa disciplina que cuando mencionas a qué te dedicas, suele acompañarse con un: “pero ¿inglesa o hispánica?” Y es que la filosofía en este país se encuentra humillada y despreciada, hasta el punto de convertirse en un eco que lucha por no ser olvido. Ya no sólo la filosofía, sino todo el conocimiento y la educación en general, están siendo prostituidas a modo de oferta de 3×2 de cualquier superficie comercial.

Por eso, si nuestra temática para este número son los grandes perdedores, la filosofía como tal no se escapa a este criterio. Pero vayamos al meollo de la cuestión que el espacio apremia. Me piden que os hable de unos cuantos perdedores pero son muchos los pensadores que podrían entrar en esta lista de perdedores u olvidados por muy diversos motivos (han sido ignorados, perseguidos, encarcelados, apaleados, torturados, exiliados, envenenados, asesinados,… algunos se volvieron locos, otros se suicidaron y alguno que otro no conoció mujer, ¡eh Kant!). Sin embargo, tan sólo su enumeración sería tan amplia que ocuparía toda la extensión de la que dispongo y ya tengo a la oveja-jefe respirándome en la nuca. Así que sin más dilación voy a induciros un calmante en vena y hablaros de algún caso particular (claramente van a ser los que a mí me han dado la gana, pues lo mismo daría estos que cualesquiera otros).

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Sangre, sudor y silencio

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Dedicado a todos aquellos hombres
y mujeres que dieron su vida,
pero no su libertad.

En esta tierra donde nací
hace tiempo ya
se encontraba
cubierta de sangre y sudor
de hombres y mujeres
que dieron su vida
por la liberación.
Tierra de España,
tierra de ecos que luchan
por no ser olvido,
tierra sucumbida ante
abismos de silencio.
Bajo esta melancólica bóveda
celeste, ausente,
el hastío único compañero
de desiertos sin vida.
Si guardáis silencio
y estáis atentos
aún se puede escuchar
el estrépito murmullo.

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