Baile de máscaras [The Losers]

Nietszche-300x300

Artículo perteneciente al número 3 de la revista cultural Oveja Negra: Pulsar aquí para ver la revista completa

¡Queridas ovejillas de este redil llamado España! Una vez más nos ponemos manos a la obra para abordar nuestro fatigoso camino por el conocimiento y arrojar algo de luz sobre las sombras que cubren nuestro pasado. Sí, otra vez, vamos a hablar de filosofía, esa disciplina que cuando mencionas a qué te dedicas, suele acompañarse con un: “pero ¿inglesa o hispánica?” Y es que la filosofía en este país se encuentra humillada y despreciada, hasta el punto de convertirse en un eco que lucha por no ser olvido. Ya no sólo la filosofía, sino todo el conocimiento y la educación en general, están siendo prostituidas a modo de oferta de 3×2 de cualquier superficie comercial.

Por eso, si nuestra temática para este número son los grandes perdedores, la filosofía como tal no se escapa a este criterio. Pero vayamos al meollo de la cuestión que el espacio apremia. Me piden que os hable de unos cuantos perdedores pero son muchos los pensadores que podrían entrar en esta lista de perdedores u olvidados por muy diversos motivos (han sido ignorados, perseguidos, encarcelados, apaleados, torturados, exiliados, envenenados, asesinados,… algunos se volvieron locos, otros se suicidaron y alguno que otro no conoció mujer, ¡eh Kant!). Sin embargo, tan sólo su enumeración sería tan amplia que ocuparía toda la extensión de la que dispongo y ya tengo a la oveja-jefe respirándome en la nuca. Así que sin más dilación voy a induciros un calmante en vena y hablaros de algún caso particular (claramente van a ser los que a mí me han dado la gana, pues lo mismo daría estos que cualesquiera otros).

Sigue leyendo

Anuncios

Manipulación genética, nuevo horizonte ético

El genoma humano

En contraposición a la perspectiva de la futilidad de la vida, actualmente, la tecnociencia, a través de la ingeniería genética, ha conseguido dar una esperanza que se transforma en la posibilidad de transcendencia, mediante la prolongación de la vida, ¿es posible alcanzar el sueño, largo tiempo deseado por la humanidad, de la inmortalidad? Pero, ¿quién, anteriormente, necesitó adoptar una posición sobre la duración deseada y elegible de la vida? Esto conlleva muchas preguntas y cuestiones morales, referidas, sobre todo, al modo de proceder. Hans Jonas lo expone así en su obra:

“Más hoy en día los progresos alcanzados en el campo de la citología apuntan a la posibilidad de contrarrestar en la práctica los procesos bioquímicos de envejecimiento y de aumentar así la duración de la vida humana y, quizás, de prolongarla por un espacio de tiempo indefinido. La muerte no aparece ya como algo necesario, consustancial a la naturaleza de los seres vivos, sino como un fallo orgánico evitable o, en cualquier caso, tratable en principio y aplazable por largo tiempo. […] Estas cuestiones atañen nada menos que al sentido mismo de nuestra finitud, a nuestra actitud frente a la muerte y al significado biológico general del balance de muerte y procreación. […] preguntas relativas a quién deberá tener acceso a esta supuesta bendición: ¿Personajes de particular valía y mérito?, ¿de prominencia e importancia social?, ¿aquellos que puedan costeárselo?, ¿todos? La última pregunta podría parecernos la única justa. Pero para ello tendríamos que pagar en el extremo opuesto, en el origen. Pues es claro que, a escala de grandes poblaciones, el precio que es preciso pagar por la prolongación de la vida es una disminución proporcional en las opciones de nuevas vidas a la existencia. La consecuencia sería un descenso proporcional de la juventud y un aumento de la población de edad avanzada.” (Hans Jonas, El principio de responsabilidad, p.50.)

Sigue leyendo

El arte tras el horror

La mirada al pasado como fármaco para el presente

kiefer_apaisado

La civilización occidental, finalmente, se convirtió en humo en las chimeneas de Dachau, y yo estaba demasiado ensimismado para verlo. Ya lo veo. […] Mis razones giran alrededor de la pérdida gradual de la imaginación, y de la fantasía, y del descubrimiento paulatino de la realidad del mundo. […] Las cosas en las que creía eran muy débiles. Ellas no vivirán mucho tiempo y yo tampoco. Pero el motivo de mi decisión trata de algo mucho más profundo. […] Abandonamos el mundo poco a poco, somos cómplices de nuestra propia aniquilación y no se puede hacer nada. […] La verdad es que las cosas que veo se han vaciado lentamente, ya no tienen contenido, ahora solo quedan contornos, un hombre, una cosa que cuelga con una expresión absurda en un vacío inhóspito sin significado en su vida, en sus palabras. No quiero la compañía de semejante cosa, ¿para qué?1

El horror que sembró en todo el mundo la Segunda Guerra Mundial dejó una huella imborrable que marcó el rumbo de la civilización occidental y del arte tras la guerra. El artista buscaba exteriorizar toda una serie de sentimientos que estaban ligados a un profundo horror y un gran desasosiego. Los artistas seguían sumergidos en el camino de la experimentación e investigación que comenzaron las primeras vanguardias. Lejos habían quedado los tiempos en los que los límites del lienzo marcaban el trabajo del artista. Ahora, el artista estaba sumido en un ansia constante de innovar a través de los más diversos materiales con todo un conjunto de nuevas técnicas en las que primaba el máximo carácter individualizador de la obra artística. Es de sobra conocida la afirmación que hace Adorno en Crítica cultura y sociedad sobre la posibilidad de escribir poesía después de Auschwitz, tras el horror vivido con el holocausto, se respira un apesadumbrado pesimismo que revela el fracaso de la primacía de la razón y del proyecto ilustrado.

Mi interés no radica en mostrar el surgimiento y el desarrollo de las nuevas corrientes neovanguardistas que surgieron en Estados Unidos o Europa tras la Segunda Guerra Mundial, sino más bien en dar voz a los sin voz, a aquellos que miraron al horror de frente y trataron de asimilarlo y resurgir de las cenizas que ese horror dejó en el inconsciente colectivo de toda una generación mundial. Por lo tanto, me centraré en el análisis de algunos artistas y sus correspondientes obras que no ignoraron los brutales acontecimientos que sucedieron en aquella época.

 

Sigue leyendo

El arte paleolítico como obra de arte total

spl-c009-7644_2000x1500

¿Cuál es el origen del arte? ¿Qué lo motivó? Para responder estas preguntas hay que viajar a los confines de la tierra pues su origen se pierde en las tinieblas del tiempo. Concretamente, debemos llegar hasta el Paleolítico, período de la historia del hombre que es anterior a la invención de la agricultura, la domesticación de los animales y el descubrimiento del uso de los metales. En esa época la vida para el ser humano no era nada sencilla, pues no era capaz de producir su propio alimento y para su subsistencia dependía exclusivamente de la caza y la recolección. Esto favoreció un complicado modo de vida nómada que, sin embargo, resultó ser suficientemente estable durante más de dos millones de años. En lo que respecta al surgimiento del arte, éste no ha tenido un desarrollo tan prolongado, pues únicamente conocemos la existencia del arte a partir de la última etapa del Paleolítico, la Superior. El Paleolítico Superior se caracteriza por los cambios tecnológicos, es decir, el desarrollo de las herramientas y utensilios de hueso y pedernal que se produjeron hace unos 40.000 años y que motivaron, principalmente en la zona europea durante el último periodo glaciar, el nacimiento del arte.

Sigue leyendo

Ese maldito yo (selección)

rom6.jpg

Yo soy diferente de todas mis sensaciones. No logro comprender cómo. No logro ni siquiera comprender quién las experimenta. Y por cierto, ¿quién es ese yo del comienzo de mi proposición?

Soy un cobarde, no puedo soportar el sufrimiento de ser feliz.

Para calar a alguien, para conocerlo realmente, me basta ver cómo reacciona a estas palabras de Keats. Si no comprende inmediatamente, inútil continuar.

Cuanto más avance el hombre, menos encontrará a qué convertirse.

Kandinsky afirma que el amarillo es el color de la vida. Se comprende ahora por qué ese color hace tanto daño a los ojos.

Se aprende más en una noche en vela que en un año de sueño. Lo cual equivale a decir que una paliza es mucho más instructiva que una siesta.

¡Si supieran los hijos que no he querido tener la felicidad que me deben!

Sigue leyendo