Regreso al origen

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Hoy nadie puede apagar la duda
que arde dentro de todos los insectos
que se adentran, uno a uno, enfurecidos
devorando las entrañas de la bestia.

Hoy nadie puede escuchar el murmullo
que olvida la última palabra brotada
del tallo ancestral que baña las arenas
del reloj que tirita al borde del mundo.

Hoy nadie verá otro ángel buscando sus alas
en un contenedor de rostros empañados donde
dos desahuciados combaten el frío con la muerte
legando a la nada sus reinos de cartón.

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El hombre que creía ser humo

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Entre el ser y el no ser la oscuridad contonea
su figura en un universo sin gravedad.
Una nebulosa de luz, blanco sobre negro,
dibuja con sus dedos el código de su creación.

Él creía ser humo. Él sabía que lo era.
No humo sabiéndose ser humano,
sino ser humano sabiéndose humo.

La combustión de sus nervios recorre sus falanges
dejando en suspensión diminutas partículas,
de sus clavículas brotan alas invisibles, opacas cenizas
olvidan el rostro incandescente del ser que les dio la vida
precipitándose al vacío como bombas incendiarias.
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Gata Cattana

Gata Cattana.jpgSimplemente
porque es necesario.

Tu oficio, poeta,

no es almacenar palabras
eruditas,
rimbombantes,
ornamentales.

No es disponerlas en su
orden yámbico,
en perfecto soneto gongorino,
ni siquiera clasificarlas
burdamente en función
de la terminación
y la rima.

Porque tú nunca
fuiste matemático, poeta.
Tú nunca fuiste geógrafo ni físico
y no entiendes de distancias
ni unidades de medida
y no entiendes de lógica pura
ni de leyes invictas.

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Ékfrasis; escisión entre la poesía y la pintura

“La pintura es poesía muda;
la poesía pintura ciega.”
(Leonardo Da Vinci)

Tras la sencilla definición de ékfrasis, descripción verbal de una obra visual, se esconde todo un complejo sistema de interrelaciones entre distintas artes. La ékfrasis puede darse tanto en prosa como en verso, pues puede ser un poema, o ser el pasaje de una novela o cuento, o ser utilizada explícitamente para un ensayo de crítica de arte. Dado el carácter del lugar de su utilización no es necesaria que la obra a la que se hace referencia, mediante la ékfrasis, exista en el mundo real. Podemos ver como en la crítica de arte, sí es necesario que ésta se refiera a una obra existente la cual se quiere tratar, pues ésta sólo tiene sentido en la medida en que se basa en el análisis formal de un objeto real. Sin embargo, la literatura a lo largo de la historia ha sido una fecunda fuente para la descripción de obras de arte, tanto reales como imaginarias, tanto escultóricas como pictóricas. La ékfrasis literaria se basa en una idea preconcebida de la obra de arte, de la imagen que se tiene del artista o de los lugares comunes de la obra. En este sentido, la mirada del artista que realiza la ékfrasis cobra un doble sentido, el de creador y el de intérprete, pues “el objeto plástico se convierte en tantos textos como miradas se fijen en él. Y es que, en el acto mismo de describir, el poeta o novelista selecciona, reorganiza, jerarquiza; resignifica”1.

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Humo es todo lo que queda

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A Leopoldo María Panero

Mi alma insaciable busca
en la interminable soledad
de una hoja en blanco,
el salvaje silencio que aúlla
desde el lugar más inhóspito
de mi cerebro desolado.

Abstracto el verso que resurge
del corazón en la mano
del poeta muerto en la acera,
porque sus palabras olvidadas
se perderán en la nada
de su íntima locura.

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El poeta

escribiendo en la oscuridad

El poeta

Temo olvidar tu nombre
como teme el poeta olvidar
la palabra brotada en la tormenta del insomnio,
sólo a Dios comparable en su grandeza sublime.
(Mayakovsky)

El poeta no escribe versos,
desnuda su alma con tinta.

No despertaré de ti,
serás mi sueño,
mi refugio;
no despertaré de ti,
para siempre soñar contigo.

El poeta no escribe versos,
dibuja lienzos de palabras.

Pinceladas en un espejo invisible,
austera alma,
insensible.
Feroz necesidad que calma
la angustiosa tragedia sublime.

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El Don Juan del conocimiento

Nietzsche_by_lukemack

 

Lo que importa no es la vida eterna, sino la vitalidad eterna.

Kant vive con el conocimiento como quien vive con la esposa; duerme con él, durante cuarenta años, en el mis­mo lecho espiritual y, con él, engendra toda una genera­ción alemana de sistemas filosóficos, cuyos descendien­tes viven aún entre nosotros en nuestro mundo burgués. Sus relaciones con la verdad son de un orden puramente monogámico, así como lo son para todos sus hijos inte­lectuales: Schiller, Fichte, Hegel y Schopenhauer; lo que los arrastra hacia la filosofía es una voluntad de orden; una voluntad muy alemana, objetiva, profesional, para disciplinar el espíritu; en modo alguno demoníaca, sino, al contrario, una voluntad que tiende hacia una sistematización del destino. Sienten el amor a la verdad como un amor hondo, duradero y fiel. Pero ese sentimiento está desprovisto enteramente de erotismo y del deseo de con­sumir, de dominar, ya a uno mismo, ya a otros; sienten la verdad, su verdad, como una esposa o bien propio del que no han de separarse hasta la hora de la muerte y al que han de ser siempre fieles. Pero en estas relaciones hay algo que huele a doméstico, a casero, y, efectivamen­te, cada uno de ellos se ha edificado su casa, es decir, su sistema filosófico, para albergar a su amada. Y trabajan con mano maestra el campo de su espíritu, con arado y rastrillo, ese campo que les pertenece y que han con­quistado para la humanidad, arrancándolo de la confusión del caos. Cautelosamente van poniendo, cada vez más lejos, los mojones que marcan el límite de sus conocimientos desde el seno de la cultura de su época, y sa­ben aumentar, con su sudor y su trabajo, la cosecha intelectual.

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