Regreso al origen

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Hoy nadie puede apagar la duda
que arde dentro de todos los insectos
que se adentran, uno a uno, enfurecidos
devorando las entrañas de la bestia.

Hoy nadie puede escuchar el murmullo
que olvida la última palabra brotada
del tallo ancestral que baña las arenas
del reloj que tirita al borde del mundo.

Hoy nadie verá otro ángel buscando sus alas
en un contenedor de rostros empañados donde
dos desahuciados combaten el frío con la muerte
legando a la nada sus reinos de cartón.

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El llanto

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Cada lágrima enseña
a los mortales una verdad.
Platón

El llanto no limpiará las heridas,
ni la carcoma acartonada anidada en nuestro cuerpo.

El llanto no cubrirá más los surcos de nuestra desnudez inmemorial,
de nuestra incapacidad de amar el vacío.

El llanto no curará la dualidad originaria de la naturaleza de la nada
que reduce lo infinito a finito —lo metafísico a fenoménico—
en la perpetua tensión que deja abierta la grieta de la existencia.
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El hombre que creía ser humo

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Entre el ser y el no ser la oscuridad contonea
su figura en un universo sin gravedad.
Una nebulosa de luz, blanco sobre negro,
dibuja con sus dedos el código de su creación.

Él creía ser humo. Él sabía que lo era.
No humo sabiéndose ser humano,
sino ser humano sabiéndose humo.

La combustión de sus nervios recorre sus falanges
dejando en suspensión diminutas partículas,
de sus clavículas brotan alas invisibles, opacas cenizas
olvidan el rostro incandescente del ser que les dio la vida
precipitándose al vacío como bombas incendiarias.
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Gata Cattana

Gata Cattana.jpgSimplemente
porque es necesario.

Tu oficio, poeta,

no es almacenar palabras
eruditas,
rimbombantes,
ornamentales.

No es disponerlas en su
orden yámbico,
en perfecto soneto gongorino,
ni siquiera clasificarlas
burdamente en función
de la terminación
y la rima.

Porque tú nunca
fuiste matemático, poeta.
Tú nunca fuiste geógrafo ni físico
y no entiendes de distancias
ni unidades de medida
y no entiendes de lógica pura
ni de leyes invictas.

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Eyacular la vida

ceguera

Una ciudad cualquiera. Una noche lluviosa cualquiera. El crepitar furibundo de la lluvia golpea incesantemente la ventana de la habitación. En ella, ajenos a la ciudad, a la noche, a la lluvia y a su destino, dos jóvenes amantes…

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