Ékfrasis; escisión entre la poesía y la pintura

“La pintura es poesía muda;
la poesía pintura ciega.”
(Leonardo Da Vinci)

Tras la sencilla definición de ékfrasis, descripción verbal de una obra visual, se esconde todo un complejo sistema de interrelaciones entre distintas artes. La ékfrasis puede darse tanto en prosa como en verso, pues puede ser un poema, o ser el pasaje de una novela o cuento, o ser utilizada explícitamente para un ensayo de crítica de arte. Dado el carácter del lugar de su utilización no es necesaria que la obra a la que se hace referencia, mediante la ékfrasis, exista en el mundo real. Podemos ver como en la crítica de arte, sí es necesario que ésta se refiera a una obra existente la cual se quiere tratar, pues ésta sólo tiene sentido en la medida en que se basa en el análisis formal de un objeto real. Sin embargo, la literatura a lo largo de la historia ha sido una fecunda fuente para la descripción de obras de arte, tanto reales como imaginarias, tanto escultóricas como pictóricas. La ékfrasis literaria se basa en una idea preconcebida de la obra de arte, de la imagen que se tiene del artista o de los lugares comunes de la obra. En este sentido, la mirada del artista que realiza la ékfrasis cobra un doble sentido, el de creador y el de intérprete, pues “el objeto plástico se convierte en tantos textos como miradas se fijen en él. Y es que, en el acto mismo de describir, el poeta o novelista selecciona, reorganiza, jerarquiza; resignifica”1.

Aristóteles consideraba el fin último y esencial del arte como la imitación de la naturaleza, es decir, de la realidad. La poesía, por tanto, era el arte de la imitación donde el concepto de mímesis juega un papel crucial. Dado que la ékfrasis representa con palabras una representación plástica, esta mímesis es doble, pues da lugar a la representación de una representación, más cercana a una ilusión referencial que a la auténtica reproducción de un objeto. Por lo tanto, podemos distinguir diversos tipos de ékfrasis. Un primer tipo más propio de la crítica, aunque también presente en la literaria, que se traduce en la descripción formal de la obra y que se basa en la búsqueda de similitudes y analogías como afirma M.H. Abrams que “el pensamiento crítico, como el de todas las otras áreas de interés humano, ha consistido en gran parte en pensar en paralelos, y por ello las argumentaciones críticas han sido hasta cierto punto argumentaciones por analogía”. Mientras que un segundo tipo de ékfrasis da lugar no tanto a la descripción como a la interpretación particular del escritor para representar su propia visión de la obra, mediante un ejercicio hermenéutico. En la ékfrasis literaria la descripción queda relegada a un segundo plano, en ésta la impresión e interpretación del escritor forma una proyección que va desde la palabra impresa a la imagen mental del lector. La interpretación del escritor precede a su representación, por lo tanto no encontramos imitación sino interpretación, intertextualidad. Como se puede ver en el texto de Riffaterre, La ilusión de ékfrasis, “la pintura por sí misma no posee intertexto porque no tiene palabras: las representaciones pictóricas permiten infinitas asociaciones de ideas, pero, a menos que traduzcan historias, mitos ya presentes en el sociolecto, les falta la reversibilidad y la semiosis ilimitada de los signos verbales.”

Dejando a un lado la ékfrasis crítica voy a centrarme en la ékfrasis literaria. Los antiguos consideraban la ékfrasis como sinónimo de la hipotiposis, es decir, de una descripción tan llamativa y sugestiva que uno se creía en presencia del objeto mismo. Asimismo, muchas ékfrasis utilizan la figura retórica de la prosopopeya para conseguir engañar a la realidad y pasar por parte de ella, como si estuviéramos viendo la imagen en un espejo, una representación que se convierte en figura viva. Algunos ejemplos de ello son Retrato oval de Edgar Allan Poe o El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, donde el espectador que los observa cree estar ante la presencia de una obra de arte que tiene vida propia. A día de hoy, si hay un medio que mejor ha favorecido esta escisión de relaciones entre el texto y la imagen, éste es el cine, en palabras de Deleuze, “los ejemplos más completos de la disyunción entre hablar y ver se encuentran en el cine”, y aunque son muchos los ejemplos en el cine donde se reflexiona sobre estos límites del arte y esta relación entre texto e imagen, un lúcido ejemplo lo vemos ilustrado con la película de Billy Wilder, El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard), estrenada en 1950. La íntima relación que encontramos entre la imagen y el texto es vital y base para la relación interdisciplinar que se lleva a cabo. El método comparatista es la única manera sistemática de acercarse a esta relación. Sin embargo, la comparación en sí misma no es necesaria para el estudio de esta dicotomía entre imagen y texto sino que lo importante es el conjunto total de relaciones que se establecen entre la imagen y el texto que va mucho más allá de la simple comparación.

Son muchas las ocasiones en las que se ha identificado a la pintura como “poesía muda”, pues ésta carece de palabras, de texto que vaya más allá de la mera imagen pictórica, mientras que a la poesía se la ha considerado como “pintura ciega”, pues se basa en la palabra y está carente de imágenes directas. Esto remite a los sentidos, la pintura se nutre de la mirada, del sentido de la vista, mientras la poesía se nutre de la voz del poeta que recoge el sentido del oído. Aunque pueda parecer así que la pintura tiene una posición ventajosa frente a la poesía, no es correcto, pues la poesía, en tanto que escritura, posee una forma gráfica, física que la torna literalmente visible, que supone la fisura en la representación, la escisión entre lo visual y lo verbal, la encarnación de la imagentexto. Leonardo da Vinci afirma que la pintura no necesita usar palabras, porque habla ya en el lenguaje de las cosas, un lenguaje conocido por todos y más inmediato de lo que cualquier palabra podría ser. Sin embargo, Johan Jacob Breitinger sostiene que la poesía posee una ventaja sobre la pintura pues ésta “consiste en palabras que son ‘signos artificiales de conceptos e imágenes’, y que por tanto afectan a la mente directamente y no a través de los sentidos”. Por lo tanto, la pintura sería más directa que la poesía porque las imágenes derivan de los sentidos, pero las ideas son más directas todavía porque, a diferencia de los objetos sensibles, contienen lo que ya está en la mente.

El lenguaje poético le permite al escritor superar el plano de la simple descripción formal para resaltar mejor, mediante imágenes que son puramente literarias y cargadas conceptualmente, los estados anímicos y conceptuales que se perciben en la obra del pintor transmitida con su propio lenguaje. En este sentido el poeta asalta el lenguaje pictórico, apropiándose de su carácter visual. Pues es en esta representación pictórica que da lugar la ékfrasis donde el poeta se identifica con el pintor, donde el poeta posee el poder de dibujar en la mente del lector imágenes claras de la realidad del mismo modo que el pintor las representa en el lienzo. Con este procedimiento el escritor dibuja en la mente del lector su propia interpretación, su visión particular se forma en la mente del lector siendo ésta un espejo en el cual se refleja el objeto que describe. Al fin y al cabo, al mejor pintor no le hacen falta lienzos y pinceles, le basta con la palabra.

Actualmente, el arte se ha vuelto mucho más complejo, no busca esa imitación de la naturaleza que afirmaba Aristóteles, o alcanzar una inmortal belleza imperecedera. Ahora vemos como las corrientes artísticas no se conforman con quedarse estancadas en plácidas posiciones costumbristas o acomodadas, sino que se mueven hacia terrenos originarios, o transgresores, o subversivos, o primitivos, o abstractos, o irracionales, o surrealistas, etc. Estamos ante generaciones que van más allá de los límites establecidos en su momento, que tratan de innovar y evolucionar. Es en este momento donde se produce una mayor complicidad, una mayor transversalidad entre las diferentes artes, que favorece que se comiencen a introducir técnicas pictóricas en la técnica poética, que haya una mayor comunicación entre diversos tipos de artistas que favorece el conjunto total de las artes. A continuación, pasaré a comentar y analizar superfluamente un par de ejemplos de ékfrasis y con sus correspondientes dos obras pictóricas a las que hacen referencia.

El primer ejemplo de ékfrasis escogido es Mujer en camisa que pertenece al poemario de Rafael Alberti, Los ocho nombres de Picasso, donde se hace referencia a la obra de Pablo Picasso titulada Mujer en camisa sentada en un sillón (1913).


Te amo así, sentada,
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con los senos cortados y clavados en el filo,
como una transparencia,


del espaldar de la butaca rosa,

con media cara en ángulo,

del cabello entubado de colores,

la camisa caída

bajo el atornillado botón saliente del ombligo,
y las piernas,


las piernas confundidas con las patas

que sostienen tu cuerpo

en apariencia dislocado,

adherido al Journal que espera la lectura.
Divinamente ancha, precisa, aunque dispersa,
la belleza real


que uno quisiera componer cada noche.

Con este ejemplo encontramos abundantes elementos descriptivos en el poema que aluden con exactitud al cuadro referencial, algunos de estos versos, por ejemplo, son: “con los senos cortados y clavados en el filo”, “con media cara en ángulo” o “del cabello entubado de colores”. Asimismo también se encuentra en el poema elementos valorativos que exceden la descripción formal como: “Te amo así”, “la belleza real” o “que uno quisiera componer cada noche”. Pablo Picasso fue un verdadero sintetizador de corrientes y estilos, un devorador de lenguajes formales. En esta obra, en particular, nos muestra la conjunción de los colores del cubismo analítico con la estructura esquemática del cubismo sintético, mediante colores vivos, retorcidas líneas, un rostro anguloso y anatomías descompuestas y fragmentarias. Mientras que Rafael Alberti, que podríamos considerar como un pintor frustrado, pues desde su juventud ha mostrado su interés por la pintura y ha declarado en contadas ocasiones que ésta era su auténtica vocación, es capaz de representar estos conceptos abstractos y psíquicos de la pintura picassiana en su particular poesía, con un marcado carácter verbal y conceptual al son de una línea melódica. La íntima relación de Alberti con la pintura es de sobra conocida y así se demuestra en sus poemarios, más concretamente en éste que incluye el poema seleccionado o con A la pintura. Se pone de manifiesto lo beneficiosa que es la transversalidad, nutrirse de las distintas artes para crecer y mejorar.

El segundo ejemplo de ékfrasis escogido es Señales de un autorretrato que pertenece al poemario antológico de Nelson Romero Guzmán, Surgidos de la luz, donde se hace referencia a la obra de Vincent van Gogh titulada Autorretrato con oreja vendada (1889).

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Que algo suceda en la parte oculta de la tela:

un crimen por ejemplo, y en la escena

unos ojos al revés y una oreja vendada.

Todo ocurrido como en un día sin fecha.

Sólo así nos regalas la confianza

de que la culpa no es del cuchillo que mutila,
sino de la mano que trazó, de un crimen, la gloria.

 

Si el primer ejemplo tiene un prominente carácter descriptivo, con este segundo ejemplo vemos “la sustitución del discurso descriptivo por un discurso hermenéutico” que señala Riffaterre en el texto antes mencionado. Nos encontramos ante unos versos con marcado carácter interpretativo que señalan la importancia de éste para la ékfrasis y que recoge muy bien la siguiente afirmación de Riffaterre, “la ékfrasis tiende a seleccionar todo aquello que el cuadro excluye […] la ékfrasis tiene una función que motiva los actos y las emociones del protagonista”. Esto lo vemos ejemplificado a la perfección en algunos versos de Nelson Romero Guzmán como: “Que algo suceda en la parte oculta de la tela” que refiere a aquello que el cuadro deja fuera de sí, el contexto y la historia dentro del cuadro y que no alcanzamos a ver, al igual que con “unos ojos al revés” se nos pone de manifiesto al sujeto-pintor que se mira a sí mismo, que se ve y se interpreta para reflejarse en su propia obra. En palabras de Riffaterre “el hecho mismo de la interpretación es una manera indirecta de recordarnos que la obra de arte es el resultado de una intención, de un pensamiento, de una voluntad creadora. La hermenéutica presupone la intención oculta, presupone al autor, al artista, al creador”. A su vez el escritor interpreta la obra, se imagina su historia, los motivos que la propiciaron. El poeta habla de un crimen haciendo referencia a la automutilización de la oreja llevada a cabo por Vincent van Gogh y como esto le marcó para realizar el autorretrato que aún pudiendo dejar fuera del cuadro la herida vendada o ni siquiera haberlo realizado, el pintor se esfuerza en mostrar ese aspecto, lo que corresponde a su historia y que el poeta, posteriormente, le da vida haciendo hincapié en que fue el propio pintor el ejecutor de semejante crimen.

Si bien en la ékfrasis crítica y también en muchas ocasiones la literaria, las descripciones realizadas son más realistas, o mejor dicho, tienen una fuerte carga descriptiva con adecuación a la obra, en este caso, con la poesía nos encontramos todo un nuevo mundo que se despliega ante nosotros. El poeta utiliza la palabra para hacer una representación de su visión de la obra mucho más libre, mucho más simbólica. Al igual que la pintura, la poesía es un posicionamiento personal del artista, ya sea pintor o poeta, la obra de arte se convierte en una visión personal y propia, desde su mirada a la realidad. Son distintas formas, con distintos métodos y materiales, de reflejar una misma realidad. La pintura y la poesía siempre han sido dos artes que se complementan a la perfección y traen a la luz la perspectiva única de quien la realiza y de quien la interpreta.

En resumen, y hoy más que nunca, podemos asegurar que estas artes son artes compuestas, que encuentran su complicidad en la escisión que se produce entre la imagen y el texto, entre la poesía y la pintura. Todos los medios se transforman en medios mixtos, que combinan los distintos códigos, las distintas convenciones discursivas, los canales, y los modos sensoriales y cognitivos. La ékfrasis y los ejemplos descritos no hacen sino poner de manifiesto un intento de sobrepasar los límites entre un arte y otro, el intento de disolver los límites entre arte y vida, entre signo y cosa, y en definitiva, entre imagen y texto.

Notas:
1. Pimentel, L.A., Ékfrasis y lecturas iconotextuales en Poligrafías: Revista de literatura comparada. Núm. 4 (2003). 

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