El arte paleolítico como obra de arte total

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¿Cuál es el origen del arte? ¿Qué lo motivó? Para responder estas preguntas hay que viajar a los confines de la tierra pues su origen se pierde en las tinieblas del tiempo. Concretamente, debemos llegar hasta el Paleolítico, período de la historia del hombre que es anterior a la invención de la agricultura, la domesticación de los animales y el descubrimiento del uso de los metales. En esa época la vida para el ser humano no era nada sencilla, pues no era capaz de producir su propio alimento y para su subsistencia dependía exclusivamente de la caza y la recolección. Esto favoreció un complicado modo de vida nómada que, sin embargo, resultó ser suficientemente estable durante más de dos millones de años. En lo que respecta al surgimiento del arte, éste no ha tenido un desarrollo tan prolongado, pues únicamente conocemos la existencia del arte a partir de la última etapa del Paleolítico, la Superior. El Paleolítico Superior se caracteriza por los cambios tecnológicos, es decir, el desarrollo de las herramientas y utensilios de hueso y pedernal que se produjeron hace unos 40.000 años y que motivaron, principalmente en la zona europea durante el último periodo glaciar, el nacimiento del arte.

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Utopía

Una utopía es un proyecto, idea o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación. Cuando pensamos en el término utopía nos solemos remontar a Platón y la ciudad de los filósofos que es expuesta por Platón en la República y en las Leyes como así lo harían Moro, Campanella o Bacon (referentes del género utópico en el Renacimiento). El origen etimológico del término, por el contrario, no aparece en Platón sino en Tomás Moro (Utopía será el nombre que Moro da a la isla donde tiene lugar su obra), pero no fue concretado por Moro siendo posible así un juego de significados que provienen ambos del griego. Por un lado, tendríamos οὐτοπία (οὐ, no; τόπος, lugar) y por otro, εὐτοπία (εὐ, buen; τόπος, lugar). Se tomará, finalmente, utopía (οὐτοπία) como lugar imaginario o, siendo más literal, ‘no hay tal lugar’.

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