Baile de máscaras [The Losers]

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Artículo perteneciente al número 3 de la revista cultural Oveja Negra: Pulsar aquí para ver la revista completa

¡Queridas ovejillas de este redil llamado España! Una vez más nos ponemos manos a la obra para abordar nuestro fatigoso camino por el conocimiento y arrojar algo de luz sobre las sombras que cubren nuestro pasado. Sí, otra vez, vamos a hablar de filosofía, esa disciplina que cuando mencionas a qué te dedicas, suele acompañarse con un: “pero ¿inglesa o hispánica?” Y es que la filosofía en este país se encuentra humillada y despreciada, hasta el punto de convertirse en un eco que lucha por no ser olvido. Ya no sólo la filosofía, sino todo el conocimiento y la educación en general, están siendo prostituidas a modo de oferta de 3×2 de cualquier superficie comercial.

Por eso, si nuestra temática para este número son los grandes perdedores, la filosofía como tal no se escapa a este criterio. Pero vayamos al meollo de la cuestión que el espacio apremia. Me piden que os hable de unos cuantos perdedores pero son muchos los pensadores que podrían entrar en esta lista de perdedores u olvidados por muy diversos motivos (han sido ignorados, perseguidos, encarcelados, apaleados, torturados, exiliados, envenenados, asesinados,… algunos se volvieron locos, otros se suicidaron y alguno que otro no conoció mujer, ¡eh Kant!). Sin embargo, tan sólo su enumeración sería tan amplia que ocuparía toda la extensión de la que dispongo y ya tengo a la oveja-jefe respirándome en la nuca. Así que sin más dilación voy a induciros un calmante en vena y hablaros de algún caso particular (claramente van a ser los que a mí me han dado la gana, pues lo mismo daría estos que cualesquiera otros).

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El arte tras el horror

La mirada al pasado como fármaco para el presente

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La civilización occidental, finalmente, se convirtió en humo en las chimeneas de Dachau, y yo estaba demasiado ensimismado para verlo. Ya lo veo. […] Mis razones giran alrededor de la pérdida gradual de la imaginación, y de la fantasía, y del descubrimiento paulatino de la realidad del mundo. […] Las cosas en las que creía eran muy débiles. Ellas no vivirán mucho tiempo y yo tampoco. Pero el motivo de mi decisión trata de algo mucho más profundo. […] Abandonamos el mundo poco a poco, somos cómplices de nuestra propia aniquilación y no se puede hacer nada. […] La verdad es que las cosas que veo se han vaciado lentamente, ya no tienen contenido, ahora solo quedan contornos, un hombre, una cosa que cuelga con una expresión absurda en un vacío inhóspito sin significado en su vida, en sus palabras. No quiero la compañía de semejante cosa, ¿para qué?1

El horror que sembró en todo el mundo la Segunda Guerra Mundial dejó una huella imborrable que marcó el rumbo de la civilización occidental y del arte tras la guerra. El artista buscaba exteriorizar toda una serie de sentimientos que estaban ligados a un profundo horror y un gran desasosiego. Los artistas seguían sumergidos en el camino de la experimentación e investigación que comenzaron las primeras vanguardias. Lejos habían quedado los tiempos en los que los límites del lienzo marcaban el trabajo del artista. Ahora, el artista estaba sumido en un ansia constante de innovar a través de los más diversos materiales con todo un conjunto de nuevas técnicas en las que primaba el máximo carácter individualizador de la obra artística. Es de sobra conocida la afirmación que hace Adorno en Crítica cultura y sociedad sobre la posibilidad de escribir poesía después de Auschwitz, tras el horror vivido con el holocausto, se respira un apesadumbrado pesimismo que revela el fracaso de la primacía de la razón y del proyecto ilustrado.

Mi interés no radica en mostrar el surgimiento y el desarrollo de las nuevas corrientes neovanguardistas que surgieron en Estados Unidos o Europa tras la Segunda Guerra Mundial, sino más bien en dar voz a los sin voz, a aquellos que miraron al horror de frente y trataron de asimilarlo y resurgir de las cenizas que ese horror dejó en el inconsciente colectivo de toda una generación mundial. Por lo tanto, me centraré en el análisis de algunos artistas y sus correspondientes obras que no ignoraron los brutales acontecimientos que sucedieron en aquella época.

 

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