El arte paleolítico como obra de arte total

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¿Cuál es el origen del arte? ¿Qué lo motivó? Para responder estas preguntas hay que viajar a los confines de la tierra pues su origen se pierde en las tinieblas del tiempo. Concretamente, debemos llegar hasta el Paleolítico, período de la historia del hombre que es anterior a la invención de la agricultura, la domesticación de los animales y el descubrimiento del uso de los metales. En esa época la vida para el ser humano no era nada sencilla, pues no era capaz de producir su propio alimento y para su subsistencia dependía exclusivamente de la caza y la recolección. Esto favoreció un complicado modo de vida nómada que, sin embargo, resultó ser suficientemente estable durante más de dos millones de años. En lo que respecta al surgimiento del arte, éste no ha tenido un desarrollo tan prolongado, pues únicamente conocemos la existencia del arte a partir de la última etapa del Paleolítico, la Superior. El Paleolítico Superior se caracteriza por los cambios tecnológicos, es decir, el desarrollo de las herramientas y utensilios de hueso y pedernal que se produjeron hace unos 40.000 años y que motivaron, principalmente en la zona europea durante el último periodo glaciar, el nacimiento del arte.

En este periodo encontramos dos tipos diferentes de arte. En primer lugar, el arte mobiliario o de miniatura caracterizado por su pequeño tamaño que refleja el estilo de vida nómada que llevaban sus artífices. No es difícil caer en la cuenta de que para un nómada toda posesión que pueda superar ciertas dimensiones no será más que una carga. Este arte presentado a modo de estatuilla tridimensional configurada especialmente por piezas de hueso, marfil o piedra representaba, sobre todo, figuras femeninas y animales. Eran comunes los grabados naturalistas o esquemáticos, así como las numerosas herramientas minuciosamente ornamentadas. En segundo lugar, el arte mural o parietal que se encuentra fundamentalmente en grandes cuevas. Son diferentes los tipos en los que podemos encontrar este tipo de arte, desde grabados o pinturas hasta, en algunos casos, bajorrelieves. Se solían utilizar distintos pigmentos como el manganeso, el carbón y los ocres, con una gama de colores que varían entre el rojo, el negro, el marrón y, en muy raras ocasiones, el púrpura. Al presentarse generalmente representados motivos tanto naturalistas como esquemáticos, consistiendo los primeros casi exclusivamente en animales, se ha definido este tipo de arte como esencialmente animalista. Sobre todo, se encuentran representados grandes herbívoros, como caballos, bisontes y mamuts, pero también son comunes los mamíferos carnívoros como el oso cavernario o el león cavernario. Casi inexistentes, por otro lado, son las aves y los peces. Gran parte de estas pinturas son muy hermosas y están muy bien ejecutadas, en su contexto, nos sorprenden doblemente por su carácter y calidad. Se ha de destacar, asimismo, la ausencia de cualquier intento por sugerir algún tipo de paisaje o vegetación.

Aunque la importancia de la figura humana se establece por encima de la figura de los animales en el Neolítico (período posterior que se caracteriza por una mayor abstracción, pudiendo establecer así un paralelismo con la historia del arte del paso del realismo a la abstracción), también encontramos en el Paleolítico representaciones de figuras humanas, generalmente, femeninas. La mayoría de estas representaciones son toscas y torpes en comparación con las muchas representaciones de animales que encontramos en el Paleolítico, aunque haya algunas extraordinariamente bien ejecutadas. Al igual que en raras ocasiones nos encontramos con ciertas representaciones no-naturalistas que se agrupan bajo el título de “signos”.

Una de las características más notable del arte paleolítico es, teniendo en cuenta su tremenda antigüedad que se extiende en decenas de miles de años, su homogeneidad, así como su constante fidelidad a fórmulas. Tomando de ejemplo las pinturas murales, éstas se adscriben a un inventario concreto que persiste con muy pocos cambios a lo largo de todo el período en que se produjeron estas pinturas. Una continuidad así durante un período de tiempo tan largo resulta única en la historia del arte. La única hipótesis que daría explicación a este extraño fenómeno es la estabilidad social que se le supone a sus creadores. Esto nos lleva a una segunda característica del arte paleolítico, el anonimato de sus creadores, pues aparte del hecho de que (supuestamente -pues hay una minoría de investigadores que atribuyen algunas de estas obras paleolíticas más primitivas al hombre del Neanderthal-) todos los creadores fueron miembros de la especie Homo Sapiens o hombre moderno, desconocemos quiénes eran aquellas personas. Debido a la ausencia prácticamente de cualquier tipo de material esquelético, los investigadores se ven obligados a agrupar a estos primeros artistas según el tipo de herramientas que utilizaban. Lo que sí parece claro es que casi todas las tribus o grupos tuvieran un especialista que fuera el encargado de realizar las pinturas. Pero, así como el contenido del arte paleolítico se mantiene constante, su distribución geográfica es limitada. Se centra, en su mayoría, restringida a ciertas regiones dentro del área europea. Culturalmente, esta distribución constituye dos grandes grupos: el grupo occidental, en el que se encuentran España, Francia y Suiza, y el oriental que incluye Italia, Europa Central, Rusia Europea y Siberia. Las artes de estos dos grupos muestran gran similitud, siendo su diferencia principal que en el Este solamente se conoce su forma arte miniatura y es fundamentalmente tridimensional, mientras que en Occidente la existencia de arte mural intensifica el factor bidimensional y enriquece el total. El arte mural, por su naturaleza, exige su localización en cuevas o refugios rocosos, pero, de hecho, la presencia de formaciones de piedra caliza no determina la distribución de esta forma de arte. Existen cuevas adecuadas en otros puntos, como Moravia, pero con la excepción de Krapova, en los Urales, no se conoce pintura alguna fuera de Francia y España.

El primer documento es la propia obra de arte en sí misma. Resulta imposible separar la vida de estos grupos nómadas del arte que creaban. Tanto es así que el arte paleolítico en sí constituye el comienzo del arte, pero las piezas más antiguas que conocemos no son, necesariamente, los primeros esfuerzos artísticos del hombre. Se deben considerar estas obras como los primeros objetos subsistentes hechos de material perdurable que estuvieron precedidos por una serie experimental con otro material que no ha perdurado hasta hoy como, por ejemplo, la madera. De igual modo que no tuvo precursores, el arte paleolítico tampoco poseyó descendientes directos: las culturas del Mesolítico, que siguieron al Paleolítico en Europa, produjeron poco arte y de tipo muy simple y rudimentario. Con la excepción de la pintura narrativa de las cuevas del Levante español, que sólo posee vínculos dudosos con el arte paleolítico, la tradición naturalista murió por completo al término de la última época glacial (hace 10.000 años). El hecho de que los ejemplos más antiguos de arte, ya sea miniatura o mural, se encuentren ampliamente dispersos, ofrece mayor respaldo aún a la idea antes expuesta de que las piezas de arte más antiguas de que disponemos no son las primeras que se produjeron. Las primeras piezas del arte paleolítico que se reconocieron como tales fueron excavadas en Francia a mediados del siglo XIX. Paradójicamente, en Francia, el arte miniatura fue aceptado sin problemas como la obra del hombre primitivo, pero resulta muy interesante el hecho de que el arte mural se rechazara firmemente en un principio. Al igual que pasó con la Cueva de Altamira que pasaron más de treinta años desde su descubrimiento en 1868 hasta su reconocimiento universal como obra del Paleolítico en 1902. En esta cueva encontramos diferentes representaciones de bisontes y otros animales pintados con una maravillosa utilización de los altibajos naturales del techado de piedra de la cueva, estas figuras policromáticas quizá constituyan la obra más avanzada y elegante que se conoce del Paleolítico.

Navegar por las inmemoriales aguas de la historia de la prehistoria en su fase genesíaca del ser humano no es nada sencillo. ¿Podremos algún día entender la visión del artista? En este sentido hay que alabar el gran trabajo de los investigadores e historiadores que intentan reconstruir la historia, intentan ser capaces de dilucidar lo que ocurrió en estas cuevas en el pasado. Pero el pasado se ha perdido en el olvido. El arte mural, sin embargo, es el testimonio artístico que nos proporciona un boceto o una representación de cómo pudo ser la vida para aquellos desconocidos. El arte ha acompañado al ser humano desde que éste mostró un cierto grado evolutivo, parte del desarrollo de herramientas y utensilios para abrir el camino al arte de la pintura y la escultura. El despertar de la humanidad está asociado al temprano nacimiento del arte como una de sus manifestaciones más características. La aparición de un hombre con especial talento para dibujar, mezclar colores y reproducir la realidad que le rodeaba, a pesar de que la entrada de estos artistas en la historia quede en el más absoluto anonimato, es de vital importancia. La historia del arte siempre tendrá una deuda con estos artistas anónimos, cuya obra de grandeza y silenciosa belleza será imposible de pagar. En palabras del historiador del arte húngaro Arnold Hauser:

 

La corrección y la exactitud del dibujo alcanzan un nivel de virtuosismo tal que llegan a dominar actitudes y aspectos cada vez más difíciles, movimientos y gestos cada vez más ligeros, escorzos e intersecciones cada vez más osados. […] La característica más peculiar de los dibujos naturalistas del Paleolítico es que ofrecen la impresión visual de una manera tan directa y pura, tan libre de añadidos o restricciones intelectuales, que hasta el Impresionismo moderno apenas nos es posible encontrar un paralelo a este arte en el arte posterior. (Hauser, 1971, p.14)

Estos artistas mostraron, en un tono que hoy llamaríamos documental, las vivencias y preocupaciones que poseían. Pero, ¿qué fue lo que impulsó a estos seres humanos del Paleolítico a la realización de estas pinturas? Son muchas las teorías sobre este punto. Desde interpretaciones que estipulan que se trataba del arte por el arte mismo a interpretaciones mágicas o totémicas. Estas interpretaciones han ido modificándose y adquiriendo mayor o menor fuerza con el paso del tiempo, mediante nuevos hallazgos y una mayor evolución en la técnica científica. Asimismo, el avance científico ha permitido establecer, con mayor precisión y rigurosidad, la antigüedad de estas obras, a través de la datación por radiocarbono. Anteriormente resultaba muy difícil establecer una cronología para el arte de estas cuevas, pues se recurría al estilo que se utilizaba en ellas como la guía más segura. En opinión del arqueólogo e historiador francés Leroi-Gourhan el limitado y repetitivo número de animales en el arte mural constituye un mitograma, el cual únicamente puede representar un medio para un significado acerca del cual sólo podemos conjeturar. Sin embargo, creo junto con el historiador del arte húngaro Arnold Hauser que:

No hay nada que pueda justificar la presunción de que el arte sirviera para otro fin que para procurar directamente el alimento. Todos los indicios aluden a que este arte servía de medio a una técnica mágica y, como tal, tenía una función por entero pragmática, dirigida totalmente a inmediatos objetivos […] Las representaciones plásticas eran una parte del aparejo técnico de esta magia; la pintura era al mismo tiempo la representación y la cosa representada, era el deseo y la satisfacción del deseo a la vez. El pintor y cazador paleolítico pensaba que con la pintura poesía ya la cosa misma, pensaba que con el retrato del objeto había adquirido poder sobre el objeto; creía que el animal de la realidad sufría la misma muerte que se ejecutaba sobre el animal retratado. La representación pictórica no era en su pensamiento sino la anticipación del efecto deseado; el acontecimiento real tenía que seguir inevitablemente a la mágica simulación; mejor todavía, estaba ya contenida en ella (Hauser, 1978, p.16).

Creo poder asegurar que el arte paleolítico perseguía un efecto mágico y no uno estético (al menos conscientemente) en tanto que estas representaciones artísticas mostraban, en repetidas ocasiones, a los animales heridos o atravesados por lanzas o flechas en un ritual simbólico. En este ritual, que tiene un aspecto más descriptivo que narrativo, encontraríamos entrelazadas la vida misma de estos hombres y mujeres junto con la magia y la belleza. El hombre del Paleolítico creía, entonces, que matando la imagen del animal, mataban asimismo al animal mismo, así les resultaría más fácil cazar al animal. Del mismo modo, los animales que eran más fáciles de cazar o eran más abundantes están menos representados en estas cuevas, siendo estos esfuerzos pictóricos dirigidos a aquellos animales que eran menos abundantes o más difíciles de cazar.

Asimismo hay otros indicios que apoyan esta interpretación como es el hecho de que el arte mural se desarrolle fundamentalmente en profundas cuevas. Muchos ejemplos de este arte mural se encuentran situados en grandes cuevas de oscuras galerías, en ríos subterráneos extintos o de difícil acceso y en posiciones difíciles de ver. Lo más importante era que las pinturas estuviesen situadas en ciertos lugares y en ciertas partes específicas de esos lugares, como así parece indicar también la superposición de figuras. Indudablemente, estos determinados lugares eran considerados como especialmente convenientes para la magia. Del mismo modo, se han recogido pruebas suficientes, mediante hallazgos arqueológicos, para atestiguar que en ningún momento se habitaron estas cuevas y que probablemente eran poco frecuentadas. Estas pinturas no podían tener, pues, una intención decorativa u ornamental, ni responder, por tanto, a necesidades de expresión o comunicación estéticas, puesto que eran ocultas en vez de ser expuestas para su contemplación. Era justamente el propósito mágico de este arte el que le forzaba a ser naturalista, a adentrarse en las profundidades de la tierra.

Para una mejor tipificación e ilustración modélica de las técnicas utilizadas y para respaldar mejor mi apoyo a la interpretación descrita voy a exponer el caso concreto de una determinada cueva. Conocida como la Cueva de los sueños olvidados, gracias al extraordinario documental del director alemán Werner Herzog, la Cueva de Chauvet, en el sur de Francia, contiene en su interior las pinturas rupestres más antiguas que se remontan a unos 32.000 años de antigüedad -casi el doble que la mayoría del arte mural encontrado-. La cueva está situada en un lugar geográficamente hermoso, donde le antecede un arco de piedra conocido como Pont d’Arc, este lugar parece indicar ser la puerta hacia otro mundo, un punto de unión atemporal que une el presente con el más lejano pasado. La belleza y grandiosidad del lugar impresionaron tanto a Herzog que no dudó en relacionar este lugar con la grandiosidad de una ópera de Wagner. La cueva fue descubierta por tres espeleólogos en 1994 y lleva el nombre de su principal descubridor Jean-Marie Chauvet. Éste fue uno de los mayores descubrimientos en la historia del arte de la humanidad. Desde su descubrimiento está bajo constante vigilancia, pues se reconoció inmediatamente su tremendo valor artístico e histórico. Por ello se restringió el acceso a reducidos grupos de investigadores y científicos. Posteriormente, en 2014 sería nombrada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

La cueva de Chauvet, con cuatrocientos metros de profundidad, es inusualmente grande y la calidad, cantidad y conservación de las pinturas y demás restos arqueológicos son espectaculares. La peculiaridad de esta cueva es que debido a un derrumbe, hace decenas de miles de años, la entrada original a la cueva quedó sellada y se ha mantenido en perfecto estado de conservación, como un instante congelado en el tiempo, creando una cápsula temporal perfecta donde el tiempo y el espacio pierden su significado. En su interior se puede sentir el silencioso poder, un aura mágica. Las pinturas se encuentran en la parte más profunda y oscura de la cueva, acercándose a las profundidades de la tierra. Contiene cerca de un millar de pinturas, todas ellas han sido catalogadas y se estima representan al menos trece especies distintas de animales, muchas de ellas ya extintas. Asimismo, hay paneles de impresiones y plantillas de manos positivas en ocre rojo realizados por impresión directa, como curiosidad se sabe que fueron hechas por la misma persona porque en todas podemos ver la deformación del dedo meñique del artista que plasmó sus manos. También se encontraron algunas figuras abstractas, así como numerosas huellas de distintos animales como hienas u osos cavernarios y algunas huellas de seres humanos, siendo éstas las más antiguas encontradas. 

Como he comentado antes este tipo de cuevas no eran habitadas y puesto que no hay indicios de que se viviera en la Cueva de Chauvet, debemos creer que se utilizaba como un lugar de ritual, un lugar donde aproximarse a esa localización mágica y que mediante una danza de luces y sombras en torno al fuego sus creaciones cobraran vida. Asimismo las dotaciones realizadas en distintos lugares de la cueva ponen de manifiesto que llegan a existir diferentes pinturas con un intervalo de hasta 5.000 años de diferencia. Esto muestra, así como la superposición de figuras en lugares concretos, la homogeneidad y la intención a lo largo de los milenios de un modo de proceder similar enfocado a un misterioso y mágico fin. Otro indicio que encontramos para fundamentar esta interpretación es que se encuentra una agrupación de piedras que está colocada deliberadamente, que simula, en cierta manera, un altar para rituales, en él se encontró el cráneo de un oso cavernario. Lo que ocurrió en aquel lugar nunca lo podremos saber con seguridad, pero hay pruebas suficientes para apoyar esta interpretación que vincula la vida, el arte y la magia.

Pasando, por otro lado, al aspecto más técnico del desarrollo de estas pinturas murales vemos como en unos casos se perfilan los animales con una simple línea y en otros se le da volumen con manchas de color matizadas, aprovechando, además, las protuberancias de la roca para adaptarlo a la figura, esto dota a la pintura de un recurso más propio de la escultura: la tridimensional. Asimismo, se encuentran distintas figuras en estado tanto estático como dinámico. Se utilizan las sombras, las curvas, las protuberancias de las rocas, junto con el trazo y formas que favorecen el dinamismo, dotando a algunas pinturas de movimiento, como si estas pinturas tuvieran vida propia, como podemos ver en la figura de la derecha, vemos una imagen tomada en la Cueva de Chauvet que muestra a diferentes rinocerontes lanudos y vemos como el superior tiene en sus bordes diferentes trazos que parecen dotar de movimiento al animal, como si estuviera apunto atacar a su objetivo. Este recurso encuentra paralelismos al utilizado en nuestros días en la técnica basada en los frames que conforma una cinta cinematográfica.

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La belleza de estos trazos y su mágico dinamismo dejan una gran impresión en quien los observa. Estas pinturas y sus trazos son poesía visual. Con los ejemplos de pintura mural vistos podemos decir que la pintura rupestre, ya en su inicio, batalla con algunos de los límites del lenguaje pictórico como son el estatismo y la bidimensionalidad. He expuesto ejemplos y los recursos utilizados para superar estos límites del lenguaje pictórico. Se distingue asimismo, realistamente entre los géneros femeninos y masculinos, así como características propias de ciertas especies que ayudan a distinguir entre subespecies de estos animales. Como curiosidad en la Cueva de Chauvet se encuentran distintos dibujos de leones cavernarios que ayudaron a los investigadores a conocer mejor cómo era esta subespecie extinta de leones. Se aprecia la diferencia de tamaño entre el macho y la hembra, podemos observar con total claridad los genitales masculinos, así como detallar que en esta subespecie de leones el macho no disponía de una gran melena como su familiar de la sabana africana. La utilización de protuberancias y bajorrelieves enfatiza visualmente algunos de estos animales y permite que la luz de las antorchas proyecte sombras sobre los bordes. Fueron muchas las técnicas y recursos que utilizaron estos primitivos artistas durante miles de años, esto favorece aún más la idea de que la finalidad se mantenía constante por una necesidad implícita.

Curiosamente, en la parte más profunda de la cueva se encuentra la única representación, en toda la cueva, y ésta es parcial, de un ser humano, concretamente es la parte inferior, piernas y genitales, de una mujer que se completa con la parte superior de un bisonte. La localización de esta pintura nos remonta a las profundidades de la tierra, donde se da paso a la creación de un mito que aun desconocido se ha quedado impregnado en su más primitiva esencia. Podríamos decir que éste es un mito que ha recorrido más de 30.000 años, pues en nuestros días es la misma asociación que utilizó Picasso en su obra mujer con minotauro. El caso de Picasso es muy peculiar en la historia del arte pues representó un nuevo planteamiento profundizando en lo primitivo y originario que sirvieron como nuevos argumentos formales y conceptuales para la renovación artística al margen de la estereotipada y clásica historia del arte occidental. Es de sobra conocido que Picasso se inspiró en obras de arte antiguas como máscaras africanas para dotar a sus obras de un efecto primario y primitivo.En conclusión, en las profundidades tuvo lugar el origen del arte pero también el surgimiento de un nuevo horizonte utópico para el hombre, pues son estas obras de arte un paso más en la evolución y constitución de lo que hoy conocemos como hombre moderno y que dio en estas cuevas paleolíticas sus primeros pasos. El nacimiento de la humanidad está ligado a la capacidad para adaptarse al medio, para acercarse a la naturaleza como una forma extensiva de la vida misma. Surgió el naturalismo como modo de vida ligado a rituales mágicos. Pero fue a partir de ese momento en que comienza a modificarse el entorno material y la constitución interna del hombre prehistórico empieza a configurarse. Desde el momento de su concepción como concepto la idea de obra de arte total va acompañada de una mirada a la naturaleza, destinada a la convergencia entre arte y vida. Por tanto, concluyo, tras haber hecho un repaso por las principales características del origen del arte que tuvo lugar en el Paleolítico, que en el arte mural del Paleolítico podemos ver converger el arte, la vida, la magia y la belleza que se unen para formar la gran obra de arte total.

Documental:

Herzog, W., Cave of Forgotten Dreams (2010), Francia.
Referencias:
Hauser, A., Historia social de la literatura y el arte (Volumen 1), Ediciones Guadarrama, Madrid, 1978.
Ucko, P. J. y Rosenfeld, A., Arte paleolítico, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1967.
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Un pensamiento en “El arte paleolítico como obra de arte total

  1. Pomares dice:

    Como diría Picasso: “Después de Altamira, todo parece decadente.”

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