Ese maldito yo (selección)

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Yo soy diferente de todas mis sensaciones. No logro comprender cómo. No logro ni siquiera comprender quién las experimenta. Y por cierto, ¿quién es ese yo del comienzo de mi proposición?

Soy un cobarde, no puedo soportar el sufrimiento de ser feliz.

Para calar a alguien, para conocerlo realmente, me basta ver cómo reacciona a estas palabras de Keats. Si no comprende inmediatamente, inútil continuar.

Cuanto más avance el hombre, menos encontrará a qué convertirse.

Kandinsky afirma que el amarillo es el color de la vida. Se comprende ahora por qué ese color hace tanto daño a los ojos.

Se aprende más en una noche en vela que en un año de sueño. Lo cual equivale a decir que una paliza es mucho más instructiva que una siesta.

¡Si supieran los hijos que no he querido tener la felicidad que me deben!

«Dios no ha creado nada que odie más que este mundo y tanto lo odia que desde el día en que lo creó no ha vuelto a mirarlo.» No sé quién fue el místico musulmán que escribió esto, ignoraré siempre el nombre de ese amigo.

El patrimonio que más nos pertenece: las horas en que no hemos hecho nada… Son ellas las que nos forman, las que nos individualizan, las que nos vuelven desemejantes.

¡No tener ya nada en común con los hombres salvo el hecho de ser hombre!

Muy bajo tiene que caer una sensación para que se digne a transformarse en idea.

No haber hecho nunca nada y morir sin embargo extenuado.

¿La rabia proviene de Dios o del Diablo? –De los dos. ¿Cómo explicar si no que sueñe con galaxias para pulverizarlas y no pueda consolarse de tener únicamente a su alcance este pobre, este miserable planeta?

¿Para qué nos agitamos tanto? Para volver a ser lo que éramos antes de ser.

Cuando supe que él era totalmente impermeable a Dostoievsky y a la Música, me negué, a pesar de sus grandes méritos, a conocerlo. Prefiero conversar con un retrasado mental sensible a cualquiera de los dos.

El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad.

Cada vez que veo a un mendigo borracho, sucio, alucinado, apestoso, tumbado con su botella en la acera, pienso en el hombre del mañana ensayando su final y lográndolo perfectamente.

Intento en vano imaginar el cosmos sin… mí. Afortunadamente, la muerte se apresurará a remediar la insuficiencia de mi imaginación.

Yo no hubiera podido adaptarme a ningún destino. Estaba hecho para existir antes de mi nacimiento y después de mi muerte, pero no durante mi existencia.

Sorprendido en la calle por el «misterio» del Tiempo, me dije que San Agustín hizo bien en abordar semejante tema dirigiéndose directamente a Dios: ¿con quién debatirlo si no?

La música sólo existe mientras dura la audición, como Dios mientras dura el éxtasis. El arte supremo y el ser supremo poseen en común el hecho de depender totalmente de nosotros.

La melancolía se alimenta de sí misma, de ahí que no pueda renovarse.

En lugar de observar el rostro de los transeúntes, me fije en sus pies, y todos aquellos agitados se redujeron a pasos que se precipitaban -¿hacia qué?- Y me pareció evidente que nuestra misión era rozar el polvo en busca de un misterio carente de seriedad.

La primera cosa que me contó un amigo al que había perdido de vista desde hacía lustros: habiendo coleccionado venenos desde hacía muchos años no había logrado matarse por no saber cuál de ellos preferir…

Quisiera olvidarlo todo y despertarme frente a la luz anterior a los instantes.

La melancolía redime a este universo, y sin embargo es ella la que nos separa de él.

El hombre se halla en algún lugar entre el ser y el no-ser, entre dos ficciones.

Un cráneo expuesto en una vitrina es ya un desafío; un esqueleto entero, un escándalo. ¿Cómo el pobre transeúnte, aunque sólo le eche una mirada furtiva, se dedicará luego a sus tareas? ¿Y con qué ánimo irá el enamorado a su cita? Con mayor motivo, una observación prolongada de nuestra última metamorfosis no podrá más que disuadir deseos y delirios. …De ahí que, alejándome de aquel escaparate, no pudiera sino maldecir semejante horror vertical y su sarcástica sonrisa ininterrumpida.

«Cuando el pájaro del sueño pensó hacer su nido en mi pupila, vio las pestañas y le aterró la red.» ¿Quién mejor que aquel Ben al-Hamara, poeta árabe de Andalucía, ha percibido lo insondable del insomnio?

Esos instantes en los que basta un recuerdo o menos aún para deslizarse fuera del mundo.

«Lo que es transitorio es dolor; lo que es dolor es no-yo. Lo que es no-yo no es mío, yo no soy ello, ello no soy yo» (Samyutta Nikaya). Lo que es dolor es no-yo. Difícil, imposible estar de acuerdo con el budismo sobre este punto, capital sin embargo. El dolor es lo que más somos nosotros mismos, lo más yo. Extraña religión: ve dolor por todas partes y al mismo tiempo lo declara irreal.

Lección cotidiana de comedimiento: pensar, aunque no sea más que un instante, que un día se hablará de nuestros restos.

La vida y la muerte tienen tan poco contenido la una como la otra. Por desgracia lo sabemos siempre demasiado tarde, cuando ello no puede ayudarnos ya ni a vivir ni a morir.

Todo el mundo me exaspera. Pero me gusta reír. Y no puedo reír solo.

No habiendo sabido nunca lo que busco en este mundo, sigo esperando a quien pueda decirme lo que busca él.

Si algo estorba la continuidad de la reflexión es sentir la presencia insistente del cerebro. Esa debe ser la razón por la cual los locos sólo piensan por destellos.

Siempre hay alguien por encima de uno: más allá del propio Dios se eleva la Nada.

Comprende uno incomparablemente muchas más cosas aburriéndose que trabajando, siendo como es el esfuerzo el enemigo mortal de la meditación.

Pasar del desprecio al desapego parece fácil. Sin embargo es menos una transición que una hazaña, que un triunfo. El desprecio es la primera victoria sobre el mundo; el desapego, la última, la suprema. El intervalo que las separa es similar al camino que va de la libertad a la liberación.

No he conocido a una sola persona perturbada a la que no le interesara Dios. ¿Debe por ello concluirse que existe un vínculo entre la búsqueda de lo absoluto y la desintegración del cerebro?

El hombre va a desaparecer: ésa era hasta ahora mi firme convicción. Entretanto he cambiado de opinión: el hombre debe desaparecer.

La aversión por todo lo humano es compatible con la piedad; diría incluso que ambas reacciones son solidarias, aunque no simultáneas. Sólo quien conoce la primera es capaz de experimentar intensamente la segunda.

Lo maravilloso de esta vida es que cada día nos aporta una nueva razón de desaparecer.

En una lengua prestada se es consciente de las palabras, las cuales existen no dentro sino fuera de uno mismo. Esa separación entre nosotros y nuestro medio de expresión explica por qué es difícil, por no decir imposible, ser poeta en una lengua que no sea la propia. ¿Cómo extraer una sustancia de palabras que no están enraizadas en nosotros? El extranjero vive en la superficie del verbo, no puede, en una lengua aprendida tardíamente, traducir esa agonía subterránea de la que emana la poesía.

El mundo comienza y acaba con nosotros. Sólo existe nuestra conciencia, ella lo es todo y ese todo desaparece con ella. Al morir no abandonamos nada. ¿Por qué entonces tantos melindres en torno a un acontecimiento que no es ningún acontecimiento?

¡La cantidad de vacío que he acumulado, conservando al mismo tiempo mi estatuto de individuo!¡El milagro de no haber reventado bajo el peso de tanta inexistencia!

Cioran, E.M., Ese maldito yo, Tusquets, Barcelona, 2002.

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Un pensamiento en “Ese maldito yo (selección)

  1. Jandroche dice:

    Imagen: Viajero frente a un mar de nubes
    Autor: Caspar David Friedrich, 1818
    Técnica: Óleo sobre tela
    Estilo: Romanticismo
    Tamaño: 74,8 cm × 94,8 cm

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