David Hume

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David Hume nació en Edimburgo (Escocia) en 1711 en el seno de una familia de la pequeña nobleza escocesa. Se quedó huérfano de padre con tan solo dos años, como hijo menor de tres hermanos tenía escasas opciones de futuro. Por influencia de su familia estudió Leyes en la Universidad de Edimburgo, pero desde el principio su vocación fue para la ‘literatura’ en el sentido más amplio del término. Su vocación unida a la escasez de medios de los que disponía hizo que su carrera como escritor fuera ardua en sus comienzos en los que trataba de buscar la atención y el reconocimiento entres los lectores. Antes de ello trató de iniciarse en el comercio y estuvo un año en Brístol trabajando para un comerciante.

En 1734 viajó a La Flèche (Anjou, Francia), donde residió tres años, y donde comenzó a redactar el Tratado de la naturaleza humana que completó posteriormente en Londres y que se publicó en 1739. El tratado no despertó ningún interés, y Hume se retiró a la casa familiar en Ninewells. La favorable acogida que obtuvo la publicación en Edimburgo de la primera parte de sus Ensayos morales y políticos en 1742, le hizo olvidar su primer fracaso anterior, estimulándole para reescribir el Tratado (obra que será publicada en 1748 con el título de Investigación sobre el conocimiento humano). Trabajó como preceptor del marqués de Annandale (1745-1746) y luego como secretario del general St. Clair (1746-1748), a quien acompañó en misión diplomática a Viena y Turín. Estas últimas actividades le permitieron mejorar su situación económica.

En 1749 regresa a Escocia, donde volverá a pasar dos años con su hermano en su casa de campo, publicando algunas obras más. Tras esto, en 1752, se instala en Edimburgo donde fue nombrado bibliotecario de la Facultad de Derecho de Edimburgo, dedicando su actividad filosófica más bien a problemas históricos, sociales y políticos, como pone de manifiesto las obras publicadas a partir de entonces. Pues emprendió la redacción de Historia de Inglaterra, que publicó desde 1754 hasta 1762 en varios volúmenes, algunos bastante mal recibidos por la burguesía liberal. En las asambleas de la Iglesia escocesa de 1756 y 1757 estuvo a punto de ser condenado explícitamente por sus consideraciones religiosas.

Su vida transcurrió primordialmente en Edimburgo, aunque pasó largas temporadas en Londres. Al aceptar varios cargos diplomáticos viajó por Europa e incluso llegó a vivir como ministro de embajada dos años en París (1763-1765). Durante este periodo ya era un autor de gran reconocimiento y ello le permitió codearse con los grandes intelectuales parisinos y así participó en las actividades de los enciclopedistas y en los círculos ilustrados, entablando amistad con algunos de los personajes más destacados de la época, como Rousseau.

Cuando regresó a Inglaterra fue nombrado subsecretario del departamento de Estado encargándose de las relaciones con el Norte de Europa, ocupando este cargo durante dos años (1767-1769). A pesar de su éxito final, un golpe muy duro para su carrera fue no haber conseguido un puesto universitario acorde a sus capacidades, un puesto que trató de conseguir en un par de ocasiones (en primer lugar como catedrático de Ética y Psicología de la Universidad de Edimburgo y posteriormente la cátedra de Lógica en la Universidad de Glasgow). A pesar de ello su figura era muy reconocida, sobre todo en Edimburgo, donde fue secretario de la Philosophical Society, además de pertenecer a grupos científicos locales. Un gran amigo, entre otros, fue Adam Smith. En el año 1769 regresa a Edimburgo, continuando sus actividades de estudio e investigación. Allí morirá en agosto de 1776, habiendo escrito previamente, el 18 de abril, una breve autobiografía, pues sabía que su inevitable muerte estaba cerca.

Su tiempo lo valoró mucho más como el autor de varias colecciones de ensayos y de la Historia de Inglaterra que como el autor del Tratado de la naturaleza humana, de las revisiones de ésta que constituyeron las dos Investigaciones posteriores, o del Diálogo sobre la religión natural, a pesar de que estas obras han pasado a la historia de la filosofía hasta el punto de hacer que su autor sea, junto con Locke, Berkeley y Hobbes el máximo representante del empirismo inglés.

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