Platón

Platón fue discípulo de Sócrates, y fue un gran filósofo griego y posiblemente de todos los tiempos. Nace en el 427 a.C. y muere, a la edad de ochenta años, en el 347 a.C. Es ateniense y de muy buena familia; su padre se llamaba Aristón (hacía remontar su ascendencia hasta Codro, último rey de Atenas) y su madre Perictione (Περικτιόνη) hermana de Cármides y sobrina de Critias, dos personajes que figuraron entre los oligarcas en 404-402, estaba emparentada con Solón. Es sabido que originariamente se llamaba Aristocles, y que sólo después se le dio el nombre de Platón, aludiendo a su robusta espalda.

Sus dos hermanos, Adimanto y Glaucón, aparecen en la República; Platón tenía también una hermana llamada Potone, madre de Espeusipo. Era un hombre muy inteligente y con unas condiciones muy idóneas; cualquier persona con su alcurnia se habría dedicado a la política pero él prefirió dedicarse a la filosofía. Platón no se casó nunca, y no se le conoce ningún tipo de inclinación por una mujer; es muy posible que fuese homosexual. La relación entre hombre y mujer estaba destinado a la procreación. La relación entre hombres estaba tolerada (aunque las leyes lo prohibían), y la relación entre un hombre mayor y uno joven también, ya que entendían que la persona mayor enseñaba a ser buen ciudadano al joven y por ello estaba bien visto. En la Grecia de esta época, sabemos que separaban en lo que se debe a Eros (atracción sexual y fertilidad: en la tradición mitológica se dice que se ocupaba del enamoramiento entre varones) y lo que se debe a Afrodita (enamoramiento entre hombres y mujeres).

Varios autores han señalado que la animosidad de Platón contra la democracia no es fácil que se debiera únicamente a su educación, sino que en ello hubo de influirle Sócrates y, más todavía el trato que éste recibió de la democracia. En su negativa a participar en política, dice el mismo Platón que el momento en el que podía haber ejercido en este ámbito fue cuando Atenas perdió la Guerra del Peloponeso, y quedó impresionado por los crímenes que se habían dado en la Guerra, por lo que se abstuvo de ello. La decisión de Platón de desentenderse definitivamente de la política de Atenas se produjo, sin duda, tras el injusto proceso y la condena de su Maestro; tras lo cual dice que la sociedad de su época esta extremadamente desordenada.

De todos modos, no tenemos razón alguna para suponer que Platón se hiciese «discípulo» de Sócrates en el sentido de que se dedicara de lleno y declaradamente a la filosofía, puesto que él mismo nos dice que un principio trató de embarcarse en la carrera política, como era natural tratándose de un joven de su linaje. Los parientes que tenía entre los oligarcas que gobernaban en 404-403 le tentaron para que se introdujera en la vida política bajo su protección; pero, cuando la oligarquía empezó a practicar, como ya hemos dicho, prácticas de violencias y trató de implicar a Sócrates en sus crímenes, tras lo cual, Platón se disgustó con sus parientes. Mas los demócratas no eran mejores, y ellos fueron quienes condenaron a muerte a Sócrates, por lo que Platón abandonó el propósito de dedicarse a seguir la carrera política.

Por tanto, no actuó en política activa, pero si secundariamente (como en Siracusa). También fundó la Academia con la que quería incidir en la sociedad de su tiempo mediante la educación (política indirecta); mediante la paideia (παιδεια).

Muerto Sócrates, Platón se retiró a Megara, donde fue acogido por el filósofo Euclides, pero según todas las probabilidades volvió enseguida a Atenas. Dicen los biógrafos de Platón que viajó por Cirene, por Italia y por Egipto, pero esto no se sabe con certeza, ya que, por ejemplo, Platón no nos da cuenta en sus escritos de un viaje a Egipto. Lo que si es cierto es que Platón estuvo en Italia a la edad de cuarenta años. Posiblemente quería visitar a algunos miembros de la escuela pitagórica y conversar con ellos: sea como fuere, trabó amistad con Arquitas, el sabio pitagórico. Fue Platón invitado a vivir en la corte Dionisio I, tirano de Siracusa, donde se hizo amigo de Dión, el cuñado del tirano. De Dión, que contaba entonces con veinte años de edad, se sintió Platón fuertemente atraído. Dión absorbió con entusiasmo la doctrina socrática de la superioridad de la virtud sobre el placer y el lujo, y renunció a los relajados hábitos que se estilaban en Italia y Sicilia.

Parece ser que hizo hasta tres viajes a Siracusa en su vida; estos viajes fueron por tema político y filosófico. La idea de Platón en estos viajes era llevar a cabo su idea de que los filósofos deben ser los gobernantes; quería hacer a Dionisio un filósofo, pero parece ser que el propósito de Platón no resultó como él esperaba. La descripción más viva de estos viajes de Platón a Siracusa la vemos en la Carta VII del mismo Platón; donde vemos que el interés de Dionisio por la filosofía era superficial.

Platón en la Academia, no aceptaba a cualquiera, pero si aceptaba a mujeres. Hacía un examen de acceso; impartía una clase muy difícil y muy densa al que pretendía entrar como alumno en la Academia. Si después de esto el discípulo seguía teniendo su propósito, y si no se había perdido a lo largo de la clase, lo aceptaba como alumno. Platón dio esta clase a Dionisio, y en la Carta VII nos da cuenta de que Dionisio, a raíz de ello, no quiso saber más del tema. Diógenes Laercio nos cuenta que Dionisio acabó por venderlo como esclavo; y un amigo suyo de Cirene, un tal Anniceris, pagó, lo rescató y lo envió libre de nuevo a Atenas.

De regreso de su primer viaje a Siracusa, Platón fundó a Academia, la cual rivalizaba con las diferentes escuelas de retórica de su tiempo, como la de Isócrates (gran orador, pero con un grave problema y es que tenía voz de pito). No sabemos muy bien como estaba organizada la academia platónica; pero si tenemos constancia de que que era propiedad de Platón y que estaba consagrada a un dios local, Academo (Ἀκάδημος).

Se sabe que se impartían clases, y podemos saber el tipo de éstas por medio de los textos de Aristóteles, quien fue profesor de la Academia. Se hacían también indagaciones de tipo filosófico; ya que los estudios que en ella se seguían no se limitaban a los filosóficos propiamente dichos, sino que abarcaban gran cantidad de ciencias auxiliares, tales como las matemáticas, la astronomía y las ciencias físicas; los miembros de la escuela se reunían en el culto común a las Musas.

Platón estaba convencido de que el mejor entrenamiento para la vida pública no consiste en las prácticas puramente sofísticas, sino más bien en la prosecución de la ciencia por sí misma. Las matemáticas, aparte de su importancia para la filosofía de las Ideas platónicas, ofrecían un campo abierto al estudio desinteresado, y habían alcanzado ya un alto nivel de desarrollo entre los griegos. Entendía Platón que el político así formado no será un oportunista a merced de las ocasiones, sino que actuará firmemente y sin miedos, de acuerdo con convicciones fundadas en verdades eternas e inmutables. A la Academia no solo iban jóvenes de Atenas, sino también de otras ciudades. Vivían en ésta los más grandes matemáticos de la época; los Elementos de Euclides nos cuentan las grandes investigaciones que se hicieron al respecto. Teodoro de Cirene, Teeteto y Eudoxó, teniendo sus propias escuelas, se fueron a vivir con Platón a la Academia; Platón no exigía una ortodoxia dogmática, sino que era totalmente tolerante respecto a las diferentes ideas de sus discípulos y profesores de la Academia.

Platón, por ejemplo, no tuvo ningún inconveniente en dejar a Eudoxó al mando de la academia cuando fue a sus viajes a Sicilia aunque no sostenía la teoría de las ideas platónica. Cuando Platón muere, de hecho, deja a Espeusipo al mando de ésta; quien sostenía que existían los números (pitagórico), pero no las ideas. En la Academia, sabemos, había un plan de estudios; parece que impartían las ideas que Platón expone en el libro VII de la República (que es lo que tiene que saber los que se han de dedicar a la filosofía así como los  gobernantes).

La Academia se puede entender como la primera universidad europea ya que se trataba de cultivar la sabiduría, y entendían esto como algo digno (por esta razón no se cobraba en la Academia, ya que veían indigno obtener riquezas mediante la enseñanza de la sabiduría). El ciudadano griego entendía que hay que distinguir entre el ocio (es el tiempo que tiene uno para dedicarlo a las propias aficiones, al cultivo y al estudio) y el negocio (lo que uno tiene que hacer para ganarse la vida); por ello les parecía una  barbaridad que los sofistas cobrasen por sus enseñanzas, cuando es algo que pertenece al ámbito del ocio.

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