Epicuro de Samos

Epicuro nació en la isla de Samos en el año 341, era hijo de una pareja ateniense, llamados Neocles y Queréstrata (eran colonos emigrantes que recibieron una ayuda estatal que consistía en un lote de tierras en la isla de Samos, estableciéndose allí en el año 352), en la familia él era el segundo de cuatro hermanos. Su padre compaginaba el trabajo de maestro (el cual no era una profesión de prestigio y Epicuro recibió burlas por ello) en una pequeña escuela con el de campesino. Epicuro comenzó desde muy joven con sus estudios de filosofía, siendo a los catorce años discípulo de Pánfilo, un platónico de la isla. A los dieciocho años viajó a Atenas para cumplir el servicio militar. Este primer viaje a Atenas y el tiempo que estuvo en la ciudad coincidió con la muerte de Alejandro Magno, Demóstenes, Aristóteles y Diógenes el Cínico. Se puede llegar a afirmar que este viaje del joven e inteligente Epicuro, ya preocupado por la filosofía, le marcó decisivamente pues se encontraba en la cuna de la filosofía y la cultura griega.

Al volver con su familia se encontró con que ésta se había trasladado de Samos a Colofón (al entrar en vigor el decreto por el que se proclamaba la amnistía política en el año 323, los desterrados anteriormente recuperaron sus tierras obligando a la familia de Epicuro a emigrar de nuevo a Colofón), donde residió con ellos durante diez años (321 – 311). Allí tuvo la oportunidad de conocer y estudiar bajo la dirección de Nausífanes de Teos, un filósofo atomista, discípulo de Demócrito y del escéptico Pirrón. Aunque después realizara una dura crítica contra su maestro, del parece ser que renegaba como tal, todo indica que esta relación fue decisiva en su formación intelectual. Luego se trasladó a Mitilene, en la isla de Lesbos, y allí estableció su primera escuela de filosofía, que fue de corta duración pues tuvo que abandonarla por las duras rivalidades que mantuvo con los aristotélicos de la ciudad. Tras esto se dirigió a Lámpsaco, donde con el apoyo de influencias logró abrir una escuela y filosofar con un círculo de adeptos y discípulos, entre los que se encontraban sus hermanos y algunos de sus más fieles amigos.

Cuando se aproximaba a los treinta y cinco años, en el año 306, vuelve definitivamente a Atenas donde residirá, rodeado de su círculo de amigos y discípulos, hasta su muerte y donde funda su definitiva escuela. Atenas, pese a las dificultades políticas, seguía siendo el centro intelectual de Grecia contando con el Liceo y la Academia como las escuelas filosóficas de mayor prestigio. Para poder impartir su doctrina con independencia de toda imposición oficial, Epicuro compró una casa con un pequeño terreno a las afueras de la ciudad que denominó el ‘Jardín’ (kêpos), este terreno lo compró por la cantidad de ochenta minas y se hallaba en el camino del Dipilón.

Epicuro murió en el año 270, cuando tenía setenta y dos años. Su muerte fue causada por una afección de vesícula, provocados por una retención de orina causada por el mal de la piedra. Falleció tras verse atormentado por crueles dolores durante catorce días que soportó de manera ejemplar y haciendo gala de la misma serenidad que había mostrado durante su vida. Epicuro decidió dejar la dirección de su escuela a Hermarco de Mitilene. En su testamento, conservado por Diógenes Laercio, decía que otorgaba la libertad a cuatro de sus esclavos.

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